En palabras de mi tio Jorge:
La niña Ángela García Orozco:
Un tributo en sus 100 años
Ella fue mi queridísima tía, madrina y primera maestra escolar. Desde muy niño, mis recuerdos de tía y madrina, son muy gratos, pues ella con su grandísima bondad, cariño y paciencia, me ayudó a desarrollarme como un niño feliz, alegre y seguro. Su gran amor a los niños y jóvenes la hacían verse como un gran ser humano, capaz de despojarse de muchas cosas materiales y espirituales, con tal de prodigar amor a sus congeneres, con mucha mas razón a todos sus sobrinos, y en mi caso particular, me hacia sentir como uno de sus preferidos, por lo cual en mi vida, es mi segunda madre.
Son tanto los buenos recuerdos que tengo de ella, que se me haría una lista interminable de todos ellos a razón de escribirlos.
Para dirigirme a ella siempre la llame Alela o Ita, la que me hizo desarrollarme como persona para toda mi vida, con sus consejos, enseñanzas y ayudas de todo tipo.
Tuve la gran suerte de que a mis 7 años, fuera mi primera maestra en la escuela Cleto Gonzáles Viquez de Heredia (mi ciudad natal), hasta el tercer grado. Fue la que me enseño a leer y escribir, y no solo eso, sino a razonar en todo, y que me gustaran las matemáticas, las ciencias, las letras y las artes.
Fui el niño a quien más se le exigía como alumno en todo, especialmente en conducta. Además, era el calificado mas bajo, y tenía que ser el ejemplo en todo.
Recuerdo que en todas las asambleas de la escuela ella participaba durante todo el año lectivo, pues era una verdadera maestra, abnegada y trabajadora insigne. Desde luego a su sobrino le asignaba los papeles de representación más difíciles y largos.
Le doy gracias a Dios de que ella fuera así conmigo, ya que todas estas cosas me ayudaron a forjarme como una persona trabajadora, cooperadora y con gran sentido de responsabilidad, en otras palabras, ella trazó mi vida terrenal.
Muchas gracias, Alela.
Su sobrino Jorge M. Borbón García